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No me digas que puedo… porque a lo mejor no puedo


Si me conocéis un poquito sabréis que llevo años diciendo que hay que perseguir los sueños. Siempre repito que da igual cuantas veces nos caigamos mientras seamos capaces de levantarnos y que, como os conté en este post, si la palabra del 2015 fue “resiliencia” y la de 2016 “cambio”, la del 2017 será (y está siendo) “valentía”.

Os he contado muchas veces que hay que soñar grande y soñar bonito porque los sueños, a veces, se cumplen… Sin embargo, hoy me gustaría hacer una reflexión paralela, que no contradictoria.

Desde que empecé a correr han sido muchas muchísimas las veces que he pensado en abandonar, que lo he vuelto a intentar, que he caído y que me he levantado. He sacado tiempo para ponerme las zapatillas cuando era prácticamente inimaginable poder hacerlo, algunos me habéis visto corriendo por los alrededores de un hospital aprovechando el único ratito libre en un día complicado, o levantarme a las 5 de la mañana buscando un hueco para disfrutar corriendo por París en un viaje de trabajo en el que no teníamos ni un minuto libre.

Pero últimamente creo que estamos mal-interpretando el mensaje.

No me entendáis mal. Creo que la vida es de los valientes, de los que se atreven, de los que creen en sus sueños, los persiguen y si no lo consiguen, los fabrican ellos mismos. Es mi filosofía en la vida, y espero que lo sea por mucho tiempo.

Pero ello no significa que todo sea posible, que seamos capaces de lograr todo lo que deseemos o tengamos que asumir riesgos innecesarios bajo el lema de “tú puedes”… y mucho menos si hablamos de salud.

Últimamente proliferan en las redes imágenes de personas a las que bajo el paraguas de la – mal utilizada-  palabra “coraje” aplauden a alguien por llegar a la meta de una carrera arrastrándose, o que son ayudadas por otros a llegar casi “por obligación” en volandas o de la forma que sea.

“Se ha perdido el respeto a las largas distancias”, dicen los más sensatos… y yo añadiría “y se ha perdido el sentido común”.

Soy de las que cree que la fiebre del running, como cualquier otra que aliente a llevar una vida más saludable, a disfrutar y a fomentar el deporte, es buena. El que haya infinidad de carreras y las marcas aprovechen el tirón, no me parece ni bien ni mal, me parece lógico y pasaría (y pasa) en cualquier ámbito.

Pero es verdad que se ha “normalizado” la idea de que cualquiera afronte distancias para las que su cuerpo no está preparado y a veces, su mente tampoco.

Si me habéis seguido desde que empecé a correr, sabréis que me caracterizo por dos cosas: la primera es no rendirme y la segunda es tener tesón, fuerza de voluntad y (estos solo lo entenderéis los de mi generación) “más moral que el Alcoyano”.

Incluso cuando los resultados no son los esperados o los kilómetros que hago son tan pocos que da hasta un pelín de vergüenza publicarlo en redes sociales, me miro y me siento orgullosa de ser alguien que no corría 100 metros hace un año y de poder seguir disfrutando de este deporte sin haber tenido una sola lesión.

Creo que el mérito es sacar tiempo, entrenar, ponerte las zapatillas cuando no tienes ninguna gana de hacerlo…

Mañana me colocaré en la linea de salida de la que puede ser (o no) mi primera Media Maratón.

Hace un par de días estaba segura de que no terminaría la carrera. De que me retiraría en el km 10, o en el 15 o cuando las piernas decidieran que no era recomendable seguir.

Por motivos personales, viajes y un ritmo de trabajo muy intenso, no he podido sacar tiempo para prepararla como debía. Pero estoy orgullosa de haber aprovechado cada minuto libre para intentarlo hasta el último día. Y de eso se trataba.

¿Pena? Ninguna.

No entraba en mis planes correr una media maratón tan pronto y es más, no tengo ninguna necesidad de hacerlo. Por suerte, hay carreras cada semana y yo, no tengo prisa ninguna.

Pero ¿por qué os cuento todo esto?

Porque durante los últimos días, me he dado cuenta de que existe cierta presión social a tener que acabar, un “lo vas a lograr” y un “tú puedes” que nos puede crear cierta obligación de hacer lo que no debemos.

Imagino que con 43 años, además de arrugas, tengo algo de sentido común, cierta humildad y cada día menos complejos, así que el mensaje que voy repitiendo tanto a los que me miran asombrados como a los que me dicen que puedo hacerlo, es que haré lo que pueda, lo que disfrute y lo que el cuerpo resista, sin forzar ni poner en peligro la salud.

Que igual de valiente (o más) es el que se retira con una sonrisa, como el que la termina, que para mi, haga lo que haga, siempre será una victoria y que si no tengo medalla de finisher, mis hijos me pintarán una casi igual al llegar a casa.

Tengo la suerte de rodearme de amigos que entienden a la perfección este mensaje (de hecho lo he aprendido de muchos de ellos) y que conozcan que el rival más difícil de vencer en mi caso, es la cabeza.

Soy de las que no se cree capaz de correr 15k aunque lo acabe de hacer hace algunas semanas. Siempre me ha pasado.

Cuando acabé la carrera me pasé meses soñando que se me había olvidado presentarme a un examen, cuando acabé la San Silvestre pensaba que lo había soñado, que yo no era capaz de aguantar 10k… y todavía creo que mis blogs no los lee casi nadie… así que agradezco a todos los que me ayudáis a vencer los obstáculos mentales que yo misma me suelo poner en el camino.

Como le dije a la persona que me acompañó en la carrera de 15k, “si la cabeza dice no, oblígame a seguir, pero si el cuerpo dice no, déjame abandonar”. 

Creo que esa es la clave, al menos en mi caso. Me gusta ponerme metas grandes, esforzarme al máximo por conseguirlas pero luego, si no las logro, sé ser indulgente conmigo misma y sentirme orgullosa de haberlo intentado hasta el final.

Me hubiera gustado publicar este post hace un par de días, pero quería revisarlo y ahora el mensaje queda inevitablemente atenuado por la emoción que me invada ante la cercanía de la carrera.

Hoy trataré de descansar. De estar tranquila (no me lo creo ni yo) y de que mi cabeza esté en su sitio para vencer los miedos, y para saber retirarme a tiempo si, de verdad, tengo que hacerlo.

Perdonad el texto tan largo, sin fotos y sin revisarlo demasiado. Para mi era importante publicar este post hoy, antes de la carera.

Mañana, sea cual sea el resultado, os contaré todos los detalles!!!

Y si alguna va por allí, avisadme!!

8 COMENTARIOS

  1. Muy buen artículo, ¿sabes una cosa? Podrás, aunque lo único seguro es que disfrutarás, sean los kms que hagas, ya sean 10 y los 21.

    Estaré por la calle Serrano, donde se desvía el maratón y la media, y aplaudiré tu esfuerzo.

  2. Gran reflexión!!
    Salvo que vivas de ello, el hacer deporte debería ser un placer para el cuerpo y, no una tortura o maltrato del mismo.
    El sentido común ese gran olvidado!!

  3. Palabras de campeona, sinceramente me animas a seguí cada día un poquito más, y el día que mi cuerpo no aguanta,paro.
    No pasa nada,lo importante es al día siguiente volver a intentarlo y rendirnos.
    Las batallas se ganan poco a poco,sin olvidarnos qué no estamos en guerra con nuestro cuerpo.
    A por todas,para mi ya eres campeona

  4. Gran post Susana, espero que estés disfrutando la jornada, sea cual sea la distancia

  5. Cuidado con esas cosas, no hay que arriesgar. Disfrutar si, pero no poniendo en peligro la salud. Besitos

  6. ¡¡Me ha encantado!! Realmente suscribo tus palabras al 100%. Creo que es muy importante ser consciente de los límites de cada uno y nunca poner en riesgo la salud, tanto de manera consciente como inconsciente…Un excelente post Susana, sensato y lleno de verdad. Enhorabuena :)

  7. La mente puede mucho y si una considera que lo puede hacer lo hace. A mi lo del correr nunca me ha ido porque me parece un gran esfuerzo aunque sí me gusta mucho hacer ejercicio.

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