Un toque dorado

Soy una loca de los autobronceadores.
Desde siempre.
Creo que si pudiera hacer una tesis doctoral sobre algún producto de belleza concreto sería sobre autobronceadores.

Los he probado todos.
Desde muy jovencita y dado mi pánico a los efectos nocivos del sol y de las cabinas de rayos uva, siempre me han resultado la mejor opción para intensificar el ligero dorado que consigo cada verano.

Este año estoy de suerte porque hay infinidad de marcas y de productos buenísimos para darnos color sin sufrir bajo el sol.

El primero que ha llegado a mis manos es de Clarins y se llama Lisse Minute Autobronzant.

Promete todo lo que yo le pido a un autobronceador: tono ligero, buen olor, suavidad, acabado aterciopelado y sobre todo es progresivo.

Los progresivos son los que quedan mejor. Hay que tener más paciencia y tardas un poquito más pero evitas errores y el tono queda infinitamente mejor.

Otra de las cosas que nos presentan como innovadora (y que me muero de ganas de probar…) es la textura: entre seda y satén. Aseguran que se desliza suavemente gracias al ingrediente clave que son los polvos aterciopelados con excepcionales propiedades deslizantes.
“Muy rápidamente, la mousse flexible y dúctil se funde totalmente con la piel, difundiendo a su paso un irresistible perfume de melocotón y de almendra”.
Con semejante presentación ¿quién no quiere probarlo?

El precio son 25 euros.

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